Quién sabe si, como jurado de Innovar -relevante concurso argentino sobre productos innovadores de próxima
celebración- Hugo Kogan verá nacer de cerca un nuevo hito del diseño como el
Magiclick, aquel encendedor para cocinas que el profesional convirtió hace años
en un objeto de uso global.
Si esto se produjese, no sería en todo caso una cuestión de azar, si seguimos su tesis. Kogan no práctica un discurso romántico, como ocurre en ocasiones con algunos diseñadores de prestigio. Por el contrario, explica como en su exitosa trayectoria y en la profesión en general no hay que olvidar múltiples factores decisivos: el tecnológico, el empresarial, el educativo...
Hoy,
en el mundo empresarial, se enuncia una receta prácticamente universal: para
tener éxito y conservarlo hay que innovar de manera continua. ¿En este
contexto, qué papel pueden jugar los diseñadores industriales?
El
diseño podría emerger como la disciplina que pueda reunir y coordinar la mirada
de investigadores, tecnólogos, mercadólogos, sociólogos... con sus habilidades
para integrar información, haciendo de nexo, creando y siendo parte de equipos
interdisciplinarios. Y de hecho ya ha ejercido este papel.
El diseño industrial
se ocupa de resolver problemas que van más allá de los aspectos formales, que
son una de sus preocupaciones. Interviene en decisiones estratégicas
innovadoras, y concreta en productos, artefactos o equipamiento los elementos
que acompañan a la gente en su vida cotidiana.
En este sentido, el diseño y la innovación
están al servicio de los negocios, como generadores de rentabilidad genuina y
potente, agregando valor para los usuarios. Y los mercados globalizados lo
están demostrando constantemente.
Para
la edición de este año de Innovar, en la que forma parte del jurado, ya hay más
de 1.300 inscritos, una cifra que impresiona. De todos modos, ¿en qué medida
cree que iniciativas como ésta sirven, finalmente, para impulsar el diseño, en
este caso el que se hace en Argentina?
Innovar
es una vidriera nacional para todos aquellos innovadores que no se mueven en el
circuito del conocimiento público. Cuenta con una muy fuerte comunicación,
promoción y divulgación que lo hacen visible y crea una interesante sonoridad
en el medio.
Es una estructura vincular que
genera oportunidades de contacto y de negocios y que, a partir de esta cuarta
edición, apoyará económicamente a la investigación científica, al diseño
industrial y gráfico y a las propuestas innovadoras seleccionadas y premiadas.
Innovar impulsa todas las
manifestaciones y propuestas innovadoras y, sin duda, la inclusión de los
diseños industrial y gráfico dentro de las especialidades ha generado una gran
expectativa, particularmente entre los profesionales jóvenes, que ven en estas
propuestas nuevas oportunidades inclusivas.
¿Es
de la opinión de que un mayor fortalecimiento del diseño, sobre todo del
industrial, puede ser decisivo para dar el paso en cuanto a desarrollo
económico en América Latina... o decir esto es exagerado?
El diseño, particularmente el
industrial y en nuestro país, salvo en trabajos comunitarios o gubernamentales
trabaja para la empresa, sea esta industrial, comercial o de servicios. Y las
empresas solo participan de programas a largo o medio plazo -tiempos necesarios
para desarrollo de nuevos productos- cuando cuentan con la seguridad de
mercados estables y serios y programas económicos consolidados.
A mi entender, el posible
desarrollo económico de Latinoamérica dependerá en gran medida de políticas
gubernamentales orientadas a estos objetivos. Un ejemplo podría ser Brasil.
Y ya dentro de ese contexto, el
éxito de las empresas de producción dependerá de su capacidad para identificar
oportunidades de negocios en nuevos territorios, de su agresividad comercial, y
de su habilidad para detectar demandas no satisfechas y nichos de mercados
todavía intactos y despreciados por la producción oriental. Las empresas que
están particularmente orientadas a la exportación saben que la calidad es un
dato duro y, cuando se mide la calidad, se mide sin dudas la calidad de diseño.
En
una perspectiva más personal, hace poco Rafael Marquina, uno de los pioneros
del diseño industrial en España, me explicó que, en los 60, cuando él se
iniciaba, había muy pocos diseñadores industriales en el país que fuesen conscientes
de serlo.
¿En
su caso, ser diseñador industrial fue una decisión premeditada o, como en otros
muchos, se consideró como tal tras llevar un tiempo ejerciendo?
Lo que Rafael Marquina te ha
contado es lo que a la mayoría de los que participamos en esas tareas, a partir
de mediados de los 50, nos ha sucedido. Este año llevo 50 de disfrutar y
trabajar en esto del diseño y cuando comencé no sabía si tenía un nombre que lo
identificara, ni como tarea ni como profesión. Recién cuando comencé a colaborar
con Philips Argentina me enteré de que lo que hacía tenía un nombre: fue una de
las grandes alegrías de mi vida.
¿Cree
que su dedicación a la escultura ha influído decisivamente en su trabajo como
diseñador? ¿De qué manera?
Entiendo que sí, que ha tenido
que ver. De hecho, si bien el dibujo era para mí algo natural, la volumetría me
emocionaba y entusiasmaba y lo comencé a practicar desde pequeño. Pero también
hubo un factor externo, la empresa fabricante de juguetes de madera de mi padre
quebró y tuve que resignar mi inscripción a una escuela de arte y elegir una
que me permitiese comenzar a trabajar a corto plazo.
A los doce años no fue fácil
elegir, pero una carrera ofrecía dibujo en los cinco años de cursada, y por
ella decidí. Tarde entendí que se trataba de dibujo técnico, y terminé mi
formación como técnico mecánico. La conjunción de un profundo conocimiento en
materiales, técnica y tecnologías y mi inclinación natural fueron la base de mi
formación de diseñador industrial. A veces también te lleva el viento...
Aunque
sus trabajos son numerosos, el Magiclick es su diseño más popular. ¿Cree que
hay unas condiciones determinadas que favorecen que un diseño sea, además de
útil, carismático? ¿En caso afirmativo, cuáles piensa que son?
Estamos sumergidos entre
miríadas de objetos, artefactos y productos, y esto sigue en crecimiento.
Peligrosa carrera. En este contexto es improbable que un diseño sea visualizado
a pesar de los extraordinarios recursos que se ponen en juego.
Las que sí se ven y se desean
son las nuevas tecnologías, que ofrecen servicios de alta innovación como la
telefonía celular, los Ipods, o los nuevos sistemas de pago. Estas nuevas
tecnologías proponen permanentemente nuevos diseños de productos en su lucha
por sostener sus espacios en el mercado.
El diseño aquí es importante y
crea valor, pero en esta categoría de productos el valor central es la
tecnología. El diseño crea fuerte valor en la alta gama, donde la cultura y
sensibilidad del segmento permite acceder a la apreciación y placer de los
beneficios del buen diseño.
Existen situaciones en que uno está en el momento y lugar adecuados, y si no se pierde esa oportunidad es altamente probable el éxito de la propuesta. Fue lo que sucedió con el Magiclick: una nueva tecnología sobre la que se montó un diseño contemporáneo en un mercado seco de novedades e innovación por muchos años. La respuesta del mercado fue entusiasta y transformó al producto, un encendedor manual para cocinas, en un apreciado objeto de regalo, generando un gran éxito comercial.

Encendedor piezoeléctrico Magiclick, por Hugo Kogan, para Aurora (1968)
Producto desarrollado para su uso en cocinas hogareñas.
Por su grado de innovación se transforma en objeto de regalo.
Éxito comercial que reposiciona a Aurora en el mercado.
Premiado por el CIDI, Centro de Investigación del Diseño Industrial
En
el campo de la docencia, en el que usted tiene también una trayectoria
destacada tanto en la práctica como en el proceso de oficialización de los
estudios de diseño, ¿qué importancia tiene la homologación efectiva de estos
estudios con otros estudios superiores, algo que aún no ocurre en países como España?
La creación de Carreras
Universitarias de diseño, que en Argentina despierta con la Carrera de Diseño
en la Universidad de Cuyo en 1968, no solo abrió una alternativa profesional
por mucho tiempo esperada y deseada, sino que como consecuencia aportó un salto
cualitativo en la calidad de los servicios recibidos por las empresas. La
formación de nuevas camadas de Diseñadores, ya en todo el país, impulsó su
propia demanda, creando sonoridad e interés en la comunidad empresaria.
Ahora bien, en relación con la
homologación a que haces referencia, creo que ha sido efectiva, si algo le
faltaba al diseño era una teoría que acompañara la praxis, y esta se ha ido
estructurando dentro del ámbito académico, espacio ideal y alimento de nuevos
pensamientos e ideas, de investigación y de discusión. En cuanto a mi opinión,
no dudo de la importancia y sinergia de la homologación del estudio del diseño
con otros estudios superiores.
Por
otro lado, ¿más allá de los aspectos teóricos comunes que debe conocer todo
diseñador, cree que la formación de un diseñador industrial y la de un
diseñador grafico debe ser muy diferenciada? ¿Debe el diseñador industrial, por
ejemplo, tener muy claras las posibilidades de trabajo con diferentes
materiales al acabar los estudios?
Depende de cada país, de la
existencia o no de una consistente infraestructura industrial y de las
características de las empresas de producción. En el nuestro la destrucción
sistemática del parque industrial y de su infraestructura y el consecuente
cortoplacismo en las decisiones empresarias hizo que prácticamente
desaparecieran la ingeniería de desarrollo de producto.
Como consecuencia directa los
diseñadores, para que sus diseños puedan ser producidos, deben entregar
documentación ejecutiva para su elaboración. Es decir, no sólo deben conocer de
materiales, sino de técnicas, tecnologías, procesos de producción, normativas
de calidad, entre otros.
Su desconocimiento sería un
serio handicap en el desarrollo y ejercicio profesional. Diría que es esta la
mayor diferencia en la formación de cada una de las dos profesiones, los
conocimientos técnicos requeridos y demandados por nuestra industria.
Para
finalizar, ha comentado anteriormente que le gustaría tener que trabajar menos
y poder diseñar más. ¿Si pudiese hacer esto realidad, en que área o áreas le
haría, hoy, más ilusión crear nuevos diseños?
Como bien sabes, la prestación
de servicios de diseño requiere de una infraestructura que le dé soporte tanto
administrativo como financiero, de
coordinación, programación, promoción y contactos.
Las consultoras en diseño
latinoamericanas tienen dimensiones y niveles de facturación que les permiten
sostener cierto nivel de estructura, en los que los socios deben estar
permanentemente involucrados. Es parte del juego y, en momentos, es hasta
emocionante, pero se come parte de la energía y del tiempo. A esto me refería
al decir trabajar menos. Y como en todas las pymes del mundo, hay que estar.
Bien, en los últimos años he
trabajado en un área muy cercana a la arquitectura, los espacios, la
arquitectura interior, la resolución de problemas vinculados a la exposición de
servicios o productos, y la creación de espacios para intereses particulares,
como la música me ha entusiasmado.
Otra de las ideas, de gran ilusión, es crear un grupo de investigación, diseño y desarrollo de vivienda para la población marginada. No vivienda económica ni social sino orientada específicamente a la gente carenciada y marginada. Integrado por gente carenciada, arquitectos, diseñadores, tecnólogos, sociólogos y sicólogos y gente del área privada y gubernamental interesada en el tema.


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