Es probable que los responsables de la candidatura olímpica de Madrid 2016 hayan estudiado la polémica alrededor del logotipo de los Juegos de Londres 2012, que ha provocado la recogida de casi 50.000 firmas para su retirada. El hecho es que la imagen de Madrid está inmersa en un proceso de selección por votación popular que, por otro lado, tampoco ha suscitado la aprobación general.
El pasado 6 de julio se cerró el plazo de presentación de logotipos al concurso lanzado por la candidatura olímpica de Madrid, que se abrió tanto a profesionales como a no profesionales del diseño. Se recibieron más de 2.700 trabajos que, según las bases, debían de ser originales, fácilmente identificables, memorables y “representar el espíritu de Madrid”. Oficialmente, a través del logo, se pretende “buscar la implicación e identificación de todos los ciudadanos con un proyecto común de ilusión, empuje social y responsabilidad”.

Cuando ya se han recibido más de 77.000 votos ciudadanos para elegir tres logotipos de entre los diez preseleccionados por la organización, personalidades del diseño han expresado su indignación por el funcionamiento del sistema. Entre sus defectos evidentes se encuentra la inexistencia de un control sobre las veces que vota cada persona a través de Internet.
Manuel Estrada, presidente de la asociación de Diseñadores de Madrid, declaraba recientemente a El Pais que “la creación de un logo requiere un proceso de diálogo con el cliente” y que “el sistema que han utilizado crea un efecto perverso porque se devalúa una de las piezas de mayor sofisticación del diseño”.
“El logotipo se ha convertido en un fetiche y en juguete”, reflexiona por su parte Javier García Solas, haciendo alusión a otro logotipo clave, el del Gobierno de España que, como Madrid 2016, permitió la presentación universal de proyectos. En este sentido, el diseñador gráfico y profesor de la Universidad Complutense de Madrid también es crítico con la convocatoria de “un concurso para un logotipo en lugar de para una identidad”.
De una forma u otra, el concurso de logotipos para la candidatura olímpica de Madrid debe encumbrar el próximo día 23 a sus tres finalistas, que se someterán al escrutinio de un jurado. No obstante, la composición de éste podría alimentar aún más la polémica, ya que incluirá tan sólo a dos diseñadores gráficos entre varios miembros del COI, políticos, periodistas deportivos y agencias de publicidad.
En el sector del diseño existe preocupación por considerar que, desde algunos organismos, no se está tomando suficientemente en serio el trabajo de los diseñadores y que, además, en el presente caso, está en juego la imagen de Madrid 2016. En definitiva, se intuye que no se ha resuelto adecuadamente la necesaria coexistencia entre el derecho de los ciudadanos a opinar y el encargo de labores especializadas a personas preparadas para abordarlas.
Londres 2012, ¿el otro extremo?
El logotipo de los Juegos Olímpicos de Londres podría oponerse al de Madrid por haber sido elegido de forma tradicional y no haber logrado, en general, el favor del público. En este sentido, Internet ha multiplicado la expresión del sentir ciudadano sobre la imagen elegida para la capital británica.
Sin ir más lejos, la noticia sobre la designación del logotipo ha recibido ya más de 3.700 comentarios únicamente en el sitio web de la BBC Al mismo tiempo, ha alimentado notablemente la blogosfera y ha inspirado peticiones para su retirada, aunque también en su apoyo.

El debate sobre el logotipo de Wolff Olins, juicios estéticos e impulsos primarios aparte, versa desde la supuesta dificultad para apreciarlo en tamaño reducido hasta sobre su idoneidad para representar la personalidad de Londres. Los defensores del logo argumentan que su ciudad, como el símbolo gráfico elegido, es abierta, rompedora y activa. Algunos de sus detractores, por el contrario, no ven en el logo otra cosa que a Lisa Simpson en postura abiertamente sexual.
En resumen, los logotipos, justa o injustamente situados como la punta de lanza de muchos diseños, son tal vez los elementos que más controversia son capaces de despertar, catapultados o vilipendiados por su lugar de excepción frente a la luz pública. Si a eso le sumamos un acontecimiento con la atención mediática de unos Juegos Olímpicos, el triunfo o el drama pueden estar servidos.

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