Cuánto se pueden aclarar nuestros planteamientos en diseño si observamos detenidamente qué y por qué se ha venido haciendo algo determinado a lo largo del tiempo…La nueva simplicidad, define Raquel Pelta en su interesante libro Diseñar hoy una tendencia que deja verse en los primeros pasos del nuevo siglo, y que construye poco a poco su propio cuerpo teórico. Un concepto que desde su lectura ha hecho que reflexione y encuentre en él la respuesta a muchas cuestiones planteadas en diferentes artículos y, por tanto, en la práctica contemporánea del diseño.
La práctica del estudio previo
Si consideramos que el diseño es la capacidad de saber proyectar la mejor respuesta posible a una demanda existente, es obligatorio que revisemos previamente las soluciones dadas hasta el momento y su adaptación a las necesidades de su época y de las que posteriormente haya venido desempeñando. Es una gran suerte que profesionales de la historia del diseño, como la autora citada, nos faciliten esta amplia tarea. Proceso no sólo entretenido sino también difícil de interpretar, así de manera directa, por lo que resulta más valiosa esa capacidad suya de síntesis e inteligencia brillante para procesar los datos recogidos y estudiados.
La escasez de un concepto claro de lo que hacemos, y la diferencia del trabajo de un diseñador profesional y alguien que simplemente se dedica a la actividad, creo que está en la falta de estudio previo de los proyectos. Una carencia que las prisas propias del sector y la necesidad de rentabilizar el trabajo hace que contraigan fácilmente incluso los más cualificados, cada vez más refugiados en valores intangibles que son más afines al hacer del artista.
Entiéndase por estudio previo, no sólo el de los precedentes y la respuesta a los condicionantes del encargo sino también al desarrollo previsto para esa solución en el papel y escenario para el que debe contemplarse.
Lo que el diseño tiene de arte
Se ha disertado mucho sobre la naturaleza del arte y del diseño desde aquella exposición Art & Pub, celebrada en el Centre Georges Pompidou en 1991, y a la previa introducción del diseño en el MoMA. Pero aunque la polémica está resuelta, gracias a que tenemos mucho más estudiadas qué coincidencias y diferencias existen, quedan cuestiones que aclarar de una y otra actividad.
El diseñador no es el alquimista que conoce los principios ocultos de la creación, ni el artista que siente una chispa de inspiración, a la que puede obedecer más o menos inconscientemente para lograr una gran obra. No es propio del diseñador imponer la estética personal de sus formas a cualquier encargo que reciba, aunque existe un nicho de mercado para ese diseño de firma. Para diseñar es necesario ser infinitamente más creativo que el propio artista, del que se diferencia en que todo el proceso de su trabajo debe ser absolutamente consciente y documentado para lograr la eficacia esperable del mismo.
Se considera como principal valor del arte la capacidad de sorprender y de conmover a quien lo percibe. La misma cualidad considero fundamental para un diseño, fuera de su componente más funcional y práctica, que logre alcanzar este objetivo a partir de los planteamientos que deben guiarle. Queda así unido el placer de la función, de los racionalistas, con el indudable placer de la emoción, que en nuestro tiempo no considero menos práctica ni funcional. Consecuencia de ello es que el diseño no sólo sea considerado como una manifestación artística más, sino que me atrevo a decir que la más considerada y valorada por un público no sólo más amplio sino también, en muchos casos, más cualificado.
Complejidad y sencillez de la identidad
Podría sorprender que alguien tan sistemático y eficaz como Joan Costa termine afirmando que lo que puede conmover tu inconsciente tenga muchísima más fuerza de convicción que razones de peso. Previamente deja muy clara la importancia fundamental de estudiar y definir la identidad, antes de llevar a cabo cualquier tipo de planteamiento. Al mismo tiempo, se ha de contemplar la identidad propia de los destinatarios de nuestro producto/servicio y la del entorno para el que se ha pensado nuestro trabajo. No estamos lejos de destruir toda la riqueza estética, cultural y emotiva que existe en cada rincón de nuestro planeta. La eficacia y la capacidad creativa depende, por tanto, de adaptarnos a los destinatarios del proyecto y poder contar con una mayor riqueza de caracteres propios y, asimismo, de modelos ajenos que podrían ajustarnos perfectamente a las necesidades de otros lugares. Ello supone tomar conciencia de los desajustes, e incluso contaminación sensorial, que producirían los planteamientos de una globalización de estos aspectos en sociedades que ni en el núcleo que los exporta son tan uniformes como para ser los únicos disponibles.
Lo que es ajeno, no entendemos o no se ajusta con nuestra manera de sentir, difícilmente puede sorprendernos satisfactoriamente; y lo que no está en sintonía con nuestras costumbres, con nuestra manera de ser, etc. rara vez podría conmovernos de manera agradable.
La identidad no son una serie de aspectos superficiales, como se advierte en su imposibilidad de ser copiada. Se trata de una serie de componentes, de diversa naturaleza, que deben encajar en un sistema que nos proporciona esa armonía.
Para comunicarnos es preciso construir un mensaje sencillo, asumible, y formulado mediante la sintaxis de la sencillez en el tono preciso requerido por los agentes implicados.
Identidad y satisfacción emocional
La satisfacción plena, la que produce algo que funcionalmente responde perfecto y que llega a conmover el inconsciente para sentir mucho más que placer de uso, no es un objetivo poco considerable. Que el mensaje pueda ser enunciado objetiva y claramente legible está más cerca, lógicamente, de una depuración de formas y conceptos que de una mera exhibición de recursos y detalles.
Replanteamiento de principios anteriores
Los principios de la postmodernidad recuerdan esa otra revisión de estilos pasados, en el siglo xix. Los logros académicos vuelven a tocar la perfección de los cánones clásicos al tiempo que la ornamentación barroca se reproduce industrialmente para llegar a todos los rincones y clases sociales. Los principios de simplicidad surgen ya a comienzos del siglo pasado como reacción previsible a ese exceso decorativo, cuando el arquitecto Adolf Loos publica Ornamento y Delito. La época postmoderna, emprendida en los años cincuenta-sesenta y desbordada por los infinitos recursos del Macintosh provocaron la crisis de los planteamientos del movimiento moderno. A su vez, el inagotable dominio técnico sufrirá la reacción correspondiente, en este periodo de efusividad, con el culto al error y a la imperfección.
Pero al inicio del siglo siguiente, al que Loos propone una revisión y depuración de los valores estéticos precedentes, una sociedad que toma conciencia de entrar en un nuevo ciclo se plantea nuevamente decantar lo mejor del menos es más y del menos es aburrido.
Como ocurriese con las vanguardias artísticas, todas las reglas se han roto y se ha experimentado gratuitamente hasta el aburrimiento. El acceso al diseño ha estado al alcance del asequible manejo de las herramientas de autoedición. Pero el todo vale en diseño debería tener menos futuro que en arte contemporáneo.
La competitividad de las empresas, de la comunicación y de los productos es cada día un factor más decisivo de supervivencia. Ello supone evitar la calidad aparente de un resultado técnicamente correcto, la espontaneidad de una solución insuficientemente estudiada, la accidentalidad afortunada y la experimentación gratuita.

Velum. Dibujos originales
Es momento ahora de retomar la cuestión de la sencillez
Momento en nuestro documento y en las bases estéticas del nuevo siglo.
¿Qué tienen en común símbolos como Mitsubishi, Mercedes Benz o Purina, que siguen siendo plenamente competitivos desde las últimas décadas de 1800?
La contaminación visual, la destrucción del entorno natural y urbano, el exceso de consumo, de estrés y de saturación en todos los aspectos, no favorecen la proliferación de respuestas de tanta densidad de información. Se echan de menos los objetos, los útiles y la gráfica que aspiraban únicamente a cubrir su función de manera serena y sin pretensiones fuera de sus evidentes componentes práctico y estético, sin estridencias ni sobreprotagonismo a costa de lo que haga falta.
Después de todo lo acontecido tras la simplicidad del movimiento moderno sólo puede hablarse de una nueva simplicidad, en el recuerdo de sus principios, evidentemente desde una nueva óptica y realidad. Pero sería más correcto denominar sencillez, lo que no es sólo reducción y síntesis, sino una solución armónica, sencilla en cuanto a sincronizada con un ámbito, para el que se proyectan, y sin estridencias. Esta sencillez no es ya una consecuencia de los principios racionalistas, ni un mero producto del análisis sistemático y esencial de aplicación de los principios del lenguaje visual desarrollados mediante la metodología bauhausiana. Se trata ahora de una necesidad para encontrar el descanso en la saturación de espacio e información en que vivimos, un relajante baño para nuestra mirada y un momento para encontrarnos con la paz de nuestro espíritu y el espíritu de las cosas, de las imágenes y de cualquier otro proyecto que abordamos.
Proyectar, en relación con el entorno físico y la disposición anímica del receptor, pone en juego la capacidad de lograr máxima expresividad con mínimos recursos, encajados en armonía con el entorno. Esta teoría de síntesis del lenguaje visual, desarrollada paralelamente en el arte y en la gráfica, estaba presente en los cursos impartidos por Matisse. Éste mira a la época clásica como si pretendiera dar paso a un nuevo Renacimiento, en que una receta ya conocida, pero en desuso, fuese de nuevo la solución al desorden en que volvemos a vernos envueltos: la medida del hombre en armonía con la naturaleza. Hallaremos una interesante actitud para afrontar nuestro trabajo si reflexionamos sobre sus palabras: “En la antigüedad, todas las partes fueron consideradas de igual importancia. De ahí la unidad, y el reposo espiritual que hallamos en sus realizaciones. En el arte moderno encontramos con frecuencia la expresión y la representación apasionadas de determinadas partes en detrimento de otras; el resultado es una falta total de unidad, lo que origina gran confusión en el espíritu del espectador”
Bibliografía
CALVERA, Anna (ed.), De lo bello de las cosas. Materiales para una estética del diseño, Gustavo Gili, Barcelona 2007.
COSTA, Joan, Diseñar para los ojos, Costa Punto Com, Barcelona 2007.
COSTA, Joan, Imagen corporativa en el siglo xxi, La Crujía, Buenos Aires 2003.
MATISSE, Henri, Sobre arte, Barral, Barcelona 1978.
PELTA, Raquel, Diseñar hoy. Temas contemporáneos de diseño gráfico, Paidós Ibérica, Barcelona 2004.
Sebastián GARCÍA GARRIDO. Diseñador, profesor e investigador especializado en Identidad corporativa de las instituciones, Diseño arquitectónico, Señalética y Diseño estratégico. Licenciado en Bellas Artes —especialidad Diseño— por la Universidad de Sevilla y Doctor en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca, con tesis doctoral sobre el La heráldica como lenguaje visual. Ha complementado su formación en la Universidad de Florencia y en el Centro Nacional de Altos Estudios Sociales de París, CNRS —Centro de Arte y Lenguaje—. Catedrático de Diseño en la Universidad de Málaga, actualmente profesor en la titulación de Ingeniería Técnica en Diseño Industrial y en el programa de doctorado: Bellas Artes, Diseño y Nuevas Tecnologías, del que es coordinador. Es investigador principal del equipo I+Diseño. Ha sido director académico de los títulos de Master y Experto en Diseño y Creación Multimedia y del Curso Superior de Diseño de la Universidad de Málaga. Profesor del módulo Identidad, marca e imagen corporativa en el Máster Internacional en Dirección de Comunicación dirigido por Joan Costa y avalado por el Ministerio de Educación. Participa en diferentes proyectos y actividades con departamentos de Diseño de la Facoltà del Design/Politecnico di Milano, la Seconda Università degli Studi di Napoli y el Politecnico di Torino. Ha sido comisario de las exposiciones Estampado en Málaga, Ars Infographica y Diseño contra contaminación visual.

Enviar un comentario nuevo